Algunas medidas, entre otras, que ponemos a deliberación pública, para concretar estos 3 principios expuestos serían:
- La sociedad de la transparencia debe empezar por el sector público –que administra los recursos del pueblo-. Todos los presupuestos y su ejecución deben ser asequibles por internet por cualquiera de los ciudadanos que contribuye a los mismos. Hay que empezar con la total transparencia de las inyecciones de liquidez a los bancos. Todos debemos saber qué se hace con nuestro dinero: a quién beneficia, a que tipo de interés y cuando se devuelve. Y hoy esto es técnicamente posible y socialmente imprescindible para recuperar la confianza.
- Para recuperar la confianza necesitamos saber que los gobernantes representan los intereses del pueblo y no de oligarquías que, por diversos medios, condicionan los gobiernos, los parlamentos y los sistemas judiciales. Hay que terminar con la financiación anónima de los partidos y de las campañas electorales, pero también con los fondos de los grandes lobbies o con créditos de los bancos que condicionan las políticas públicas. También hay que terminar con cualquier sospecha de corrupción: todas las administraciones públicas, todos los cargos electos y de confianza, todos los funcionarios públicos y todas las empresas y organizaciones que tengan contratos o subvenciones públicas deben acogerse a un régimen de transparencia en que se considerará un delito usar dinero efectivo (dinero negro) y solo podran usar dinero personalizado (tarjetas, transferencias, cheques nominativos).
- Para reducir el fraude fiscal, los tráficos ilegales de personas, de droga, de armas, la evasión de divisas.. la compra de información privilegiada, de publicaciones tendenciosas, de voluntades… hay que empezar a suprimir los billetes de banco de 500 €, que favorecen la impunidad de estos actos ilegales. Esta medida será mejor comprendida si previamente se aplica el régimen de transparencia de forma contundente en el sector público. (punto 2)
- Con un sistema monetario personalizado (para que la justicia pueda documentar sus sentencias) e informativo (para que la sociedad, el estado, los mercados puedan conocer los datos actualizados de la economía), avanzaremos hacia una sociedad con una libertad responsabilizada y con una socialización del conocimiento, – más importante que socializar las empresas – necesarios para prevenir y gestionar los ciclos económicos con un conocimiento de causa protegido de las manipulaciones interesadas.
- Debemos reducir la cultura del endeudamiento y apostar por la cultura del ahorro y la autoinversión. Distinguir entre préstamos (con base de ahorro colocado a plazo) y créditos (con base de una reserva de los depósitos en cuenta corriente). Los préstamos son el negocio normal de los bancos; los créditos – creación monetaria – pueden gestionarlos los bancos, pero deben crearse en función de la necesidades de la economía real. Y para ello necesitamos disponer de un sistema monetario informativo, que permita saber qué volumen de dinero es necesario en relación a las necesidades de la producción, la inversión y el consumo. En cualquier caso se debe aumentar drásticamente el porcentaje de reserva del 8% de los depósitos, acordada en Basilea II y hacerlo cumplir. Porcentaje claramente inferior en la mayoría de los bancos que han sucumbido, con la pasividad – complicidad de los bancos centrales y de las autoridades monetarias.
- Las bolsas, los mercados de valores, deben captar inversores y no especuladores. Hay que reformar su funcionamiento para que no sean un simple casino. Hay que pasar del mercado continuo, que provoca oscilaciones especulativas, a la cotización de cada valor una vez por plaza y día.
- Con estas primeras medidas ponemos unas bases sólidas para afrontar otros excesos hasta ahora considerados “normales”: Supresión de los paraísos fiscales y consideración de delito de cualquier ubicación o transacción en o con ellos; Revisión y condonación de la deuda externa, instrumento de ilegítimo sometimiento de gran parte de la población mundial por compromisos que no la ha beneficiado y que la está convirtiendo a un estado de servidumbre. (el Sur paga al norte en concepto de intereses cada año 8 veces más que lo que Norte aporta al Sur en concepto de ayuda al desarrollo); Aplicación de una tasa tipo Tobin sobre las transacciones financieras y de un Impuesto Global sobre transacciones de Divisas que reduzcan la codicia especuladora y que doten de recursos los fondos para reducir la pobresa.
- La otra cara de esta subordinación de la sociedad y de la política a los intereses de las altas finanzas, de las grandes multinacionales y de los super sueldos de sus respectivos ejecutivos, es la incapacidad de los gobiernos en cumplir con los Objetivos del Milenio para el 2015 (erradicar la pobreza extrema y el hambre, educación universal, igualdad entre géneros, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el SIDA, sostenibilidad ambiental y alianza mundial) que acordaron todos los países en NNUU. Con solo 20.000 M de $ se cumplirían los objetivos previstos para 2010. Los casi 3 billones de $ que los gobiernos están aportando a los bancos para cubrir sus delictivas irresponsabilidades, representan 150 veces más de dinero que los que permitirían resolver la crisis global de las necesidades básicas no cubiertas de millones de personas (sin considerar las ayudas públicas a los sectores agrícolas en países industrializados de más de 376.000 millones de dólares y los gastos en armamento de 1,2 billones de dólares anuales).
- Una alternativa mejor que salvar directamente a los bancos, sería salvar a los ciudadanos. Las mismas cantidades aportadas por los estados o los bancos centrales si fuesen distribuidas a los ciudadanos en forma de renta básica, acabarían con el hambre y la miseria, dinamizarían la economía real, permitirían pagar las deudas y las hipotecas y evitarían la peligrosa acumulación en manos de los que ya han acumulado.
- En definitiva, la crisis potencialmente empezó con los acuerdos de Bretton Woods en que los Estados Unidos sometieron a sus intereses las nuevas reglas e instituciones financieras internacionales, gracias a la hegemonía que había adquirido con la Segunda Guerra y la debilidad y endeudamiento del Reino Unido y de las otras potencias vencedoras. Estados Unidos de nuevo reforzó las bases de la crisis actual en los años 70 con su ruptura unilateral de los acuerdos de Bretton Woods que convirtió al dólar libre del oro, en el arma más potente de dominio económico financiero y político. Lo que quedaba de Bretton Woods y del Consenso de Washington han muerto por su incapacidad de crear un sistema internacional equilibrado al servicio de la cobertura de las necesidades humanas básicas.
Hay que crear un nuevo proceso constituyente para un nuevo acuerdo internacional, con todos los estados en el marco de Naciones Unidas y con la participación de las organizaciones no gubernamentales, que asegure la democratización de las instituciones financieras, comerciales y políticas internacionales. En un mundo globalizado han quedado obsoletas las instituciones y reglas creadas para salir de las crisis del siglo XIX que llevaron al fascismo y a la guerra total.
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